El sabor de tu mar
en hebras de sal.
Mis ojos vagan en
gaviotas de bruma
mi boca delira
ante los besos
de tus cerros.
Mis pechos se inmolan
frente a tu oleaje
mi cintura es rodeada
por tu universo escrito.
Mis brazos como
alas de albatros
se hacen luz en el fragor
de tus estíos.
¡Valparaíso, soy tu hija!
La indómita hija bajo
tus párpados heridos
la libertad de
mil tropiezos
la sed de borrachos
y vagabundos.
El húmedo rincón
del dolor de tus noches.
La red mordida por
lobos marinos
al acecho
de un Pacífico ciego.
¡Soy tu hija, Valparaíso!
La hija nacida de tu niebla
de tus fantasmas
de tus efluvios
vestidos de vericuetos
cités y casas de antaño.
Me declaro hija de
tus quebradas marchitas
del viento que rasga
un cristal con sangre
de bares con nombres
extranjeros
de prostitutas cansadas
del fuego marinero
del océano pegado a tus rocas
de tus grietas oscuras
de callejones crepusculares
de los adoquines gastados
por el barro y la lluvia.
Me declaro hija
de tus sendas y caminos
de raíces migratorias
que en el aire dejaron
penas, olvidos y sueños
en cantos atados
a la grava del tiempo.
Soy tu hija, tu hija
¡Valparaíso!
Valparaíso, octubre 2009
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