lunes, 17 de junio de 2013
COROLARIO
A Severine Huvard, Federic Post e Ignasi Aballi, por hacer
un guiño mágico en la historia europea de Valparaíso.
Junto al oleaje del silencio.
el dolor de una cárcel flota,
cual navío a la deriva.
¡Su ancla llora al roquerío!
Jacarandás y racimos de pimientos,
mecidos en la ternura del otoño,
el Pacífico flamea su universo,
y la aguja del campanario
da la bienvenida al color de las casas,
traído por la bruma,
dejándolo como señal,
frente al olvido del cementerio.
Entre conversaciones y peldaños,
la mañana es dividida
por la llegada de la infancia,
¡juegos del pasado,
en la presente piel de los porteños!
Los ojos de un estanque Coliseo
velan por el hechizo unigénito
de Valparaíso.
Una visita al Parque Cultural de Valparaíso, Cerro Cárcel.
HUMUS ERECTUS
Cuento en cien palabras.
Subo los peldaños de calle Cumming con destino al Cementerio de
Disidentes. La humedad de la neblina cubre mis anteojos. Los guardo
en la cartera. Camino hasta la tumba de Heinz, depositando en ella rosas
rosas, sus favoritas, y comienzo a rezar.
Somnolienta baja la niebla envolviéndolo todo. Pronto siento llegar a
Heinz. Rodea mi talle. Su boca busca mi cuello, mis labios. Olvido mis
oraciones.
Salgo del cementerio, abotonando mi abrigo. ¡Mi cartera!¡Mi cartera!
Devuelvo mis pasos hacia la fría losa. Al inclinarme para tomarla, observo
que he colocado las flores, en la tumba de alguien llamado Fritz.
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