Era un 17 de agosto. Llovía torrencialmente, como hoy. Recibí una invitación para ir al Bar Alemán donde se reunía Neruda junto a sus amigos escritores y pintores, que conformaban el Club de la Bota.
Recuerdo ese día, pues se aproximaba mi cumpleaños, y mis amigos querían festejarme, como lo hacían siempre, de lunes a lunes. -Como se les ocurre invitarme a un bar y menos donde van esos bohemios- dije, arriscando la nariz.
No sabía que en esos precisos momentos, estabas incorporándote al Club de la Bota, como un botarate, y también lo hacía Alejo Carpentier, el periodista, musicólogo y literato, suizo- cubano. Aún me tiro las orejas por no haber ido a conocer a todos esos grandes. Pero la pisada del tiempo a veces es incierta, verdad Ennio?
Pasaron 43 años, y yo, esa jovencita que no quería conocer a esos bohemios, comencé a dar mis primeros pasos cerca de Neruda.
Hace algún tiempo, obtuve un tercer lugar en un concurso de cuentos. Supe que eras integrante del jurado. Pero ese día no nos conocimos, no fui a recibir el premio por estar enferma. Cierto día me acerqué a ti en la calle, emocionada dije que con tu voto en ese concurso, me guiaste a la mejor opción- Tu comentario fue “tu cuento era bueno y diferente a los que normalmente veo en los concursos.- Sigue escribiendo” Te despediste amable y te encaminaste hacia la calle Montaña.
Ennio, gracias a tu voto, a mi momento de enfrentar la niebla en la literatura, seguí haciendo cuentos.
Hoy la naturaleza canta en tu honor y Pablo te recibe con una fiesta, a pesar que él sabe que eres reacio a ellas. ¡Ennio, lleva tu antifaz, para así aparecer nuevamente por una puerta en su casa de Isla Negra!


