Tiempo de poda, áureas colinas,
las verdes horas cuentan su historia,
deslucido el horizonte se enamora
olvida el tiempo de hoy
y el vuelo de las aves, germina.
El fuego entalla de un leño su cintura,
helechos matizan el agua de la fuente,
corren los hilos de la niebla
sobre estertores del frío.
Al color de una rosa,
conocerme le anima,
la voz del ocaso se inclina, me invita.
Como invernal flama
mi mano se acerca…
¡su savia y la mía
enrojecen espinas!

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