El guardián de la palabra,
ese de pellejo gastado,
rezonga entre los abismos,
mientras preparas un tentempié
para el camino a tu rebelde éxtasis.
Como señuelo de resuellos mundanos,
opíparo amante de la ironía,
sin reino de ensoñación lírica,
¡frustras cualquier mísero encanto
de vocablo!
No alcanzaste a tocarme con
el pincel de eslabones
moribundos y reaccionarios,
¡sonidos de piedad y pujanza!
Te zambulles en tu cuaderno
de teorías cuadriculadas,
observas zapatos de fariseos,
gárgolas fetichistas, canículas doradas,
de un pasado que aún huele a cigarra.
Blando el despojo de una sociedad pretérita,
carcome los deseos de seguir cantando,
de seguir batallando como en esa, tu vida.
Termina tu boca de mascar el refrigerio,
las ideas son ahora, escafandra, caleidoscopio,
¡un somnífero insólito, voltea el firmamento!
¡Ansiedad y herida!
Todo se traduce en solipsismo,
¡artera bocanada de sentidos!
te trastoca en ladrón de sentimientos,
prefloración de una pena,
y alarga, larga, una teoría antecesora,
viaja hasta lisonjas y paranoias.
Buscarás ahora una licencia,
para dejar de vivir entre columnas y reveses.
Una bandera flamea en mitad de tu poltrona negra y blanca,
que cederá gustosa la verdad,
¡al llegar la Poesía!
Rebelde preguntarás mañana:
¿Por qué ya no duele este éxtasis?
Abril de 2010