Ante las gradas de tu ara, Inti,
dios del sol entre los incas,
beso de una aurora emborrachada,
en la siembra campesina, eres el arado,
la brisa arde en segundos,
¡candente segar de tu guadaña!
Entre arenas y riscos, pieles
acunan embelesadas tus rayos,
espaldas, brazos extendidos,
sugerentes, te veneran,
como si todo volviera
al ritual prehispánico.
Inti, estertor de volcanes,
pasión de moléculas.
De tu universo depende hoy
inopia, vicio, hambre.
El animal muere,
y a la hendida tierra
inclinamos la cerviz,
convertidos en sauces
color sangre ...
Disfrutas ser el regente
en níveos imperios,
tutor de la humanidad toda,
que calla ante tu mandato,
y, vibra bajo tu espíritu.
¡El futuro viene cabalgando
en matices pestilentes,
espejismos parirán los hielos,
conmutarán los animales sus huesos,
serán irreales los cirros,
lacerantes los tormentos.
Agobiado mi andar,
mira el horizonte…
El mar te recibe en sus límites,
en el azul de cotidiano marco,
y tú, soberano de altares,
te encaminas a él,
embaucándolo en tu aroma
de arreboles.
¡El océano, tu padre permisivo!
Te aferras a su vaivén infinito,
hijo pródigo, vanidoso,
calmas tu sed en su añil,
¡insaciable adicto!
Y yo, una de las yanaconas,
ante las gradas de tu ara,
detengo mi camino, Inti.
A tu altar de fuego,
dirijo mis plantas,
a servir, como es mi destino.
Y hoy,
Intentaré entornar indefinidos,
esos, ¡tus indomables postigos!
febrero, 2011