Miro la niebla del sur,
su caricia aplaca la sed
en la tierra y la brizna.
¡Confines visita su manto!
Camina la niebla del sur,
invade las horas y el trigo.
Las cadenas de su espíritu
murmuran en el velo del día.
Miro la niebla del sur,
llega el llanto del norte,
con sus lágrimas
la deja lánguida, sobre
la arena, los escollos, el agua.
Valdivia, Febrero 2006

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