Sobre la flor del orégano
se
posa una abeja
pálida, desencantada,
palpita junto a su historia.
Escucho su diálogo interior:
-Tensas las alas, mis pasos lentos,
muchas veces salvada por
árboles quejumbrosos,
plantas que mueren
con
sólo el roce de mi vuelo.
En
murmullo dorado,
pregunta plañidera:
-¿Qué hacen tus semejantes?
-¿Cuál es el destino para los que
ayudamos a sonreír a los humanos?
Me envuelve su mirada.
Hay lágrimas en mi
rostro.
En íntimo ceremonial se
acerca
a libar mi llanto.
Despliega sus alas y
agradecida
escucho de ella:
-Será miel el agua de tu
lluvia…
©De “Enraizada”

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