Águila de La Sebastiana,
pléyade del Olimpo,
maderas, polvo, huesos,
subirán desde el fondo de
tu mundo tranquilo.
Águila color de las auroras,
no cesarán ahora tus versos,
hasta encontrar el silencio
de tu muerte.
Águila de Isla Negra,
recoges en tu plumaje
el rocío amargo de una primavera,
y vuelves hoy al tráfico de oleaje y vida.
¡La Chascona vestirá a tus cenizas
de flores, sol y poesía!
Pablo Neruda,
en tu viaje a través de la noche,
remontaron tus poemas de amor,
tu prosa y tu pasado,
en las tormentas, en el viento
que traen las olas de tu Pacifico,
y cual águila orgullosa,
tus versos transportaras,
hacia una cordillera,
que atesora aún tus pasos,
y late como un canelo,
allá en un Temuco herido.
¡Pablo, eterno serás junto a tus palabras,
aunque fuiste sólo un hombre!

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